El 15-M pierde el norte desde Sol
El movimiento 15-M, o lo que puede quedar de él, ha vuelto a tomar la calle para seguir reivindicando cosas, lo malo es que ahora lo hace a título personal.
Todo el mundo pensaba que el movimiento 15-M estaba muerto, que había sido flor de un día. La lucha contra los desahucios, pequeñas asambleas de barrio… se pensaba que el 15-M, y todas sus ramificaciones, estaban ya en otros asuntos. Pero no ha sido así. Una vez más, y cuando hay asuntos sobre los que se requiere manifestarse, los muchachos vuelven a la calle.
Lo malo es que en esta ocasión la reivindicación es personal y poco objetiva. Todo empezó cuando se desalojó a los últimos integrantes de la llamada Acampado Sol. Poniendo el grito en el cielo, el movimiento quiso lanzarse a la calle, pero la policía, a instancia de la Delegación de Gobierno de la Comunidad de Madrid, o hay que olvidar ese dato, acordono toda la Puerta del Sol dejando imposibilitado su acceso.
¿Es justo? No, claro que no. No se puede impedir el paso, sin que haya motivos objetivos para ello, a la ciudadanía. Pero hay que ir más allá, ¿qué se busca con esta nueva confrontación contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad?, ¿justicia, igualdad?
Hace tres meses el movimiento 15-M y su acampada en Sol tenía un sentido, un significado. En la tarde de ayer, ver a cientos de personas manifestándose en oposición a la Policiía Nacional en las inmediaciones de Sol, no responde a ningún tipo de reivindicación social, económica o política. Simplemente responde a un ensimismaniento del 15-M y sus reclamaciones. Tomarse la justicia por su mano.
A día de hoy, entidades financieras como el Banco Santander, o el propio Gobierno, obligando a los bancos a ser más transparentes, han recogido muchas de las propuestas del 15-M, aquellas que salían de Sol cargadas de sentimiento y verdad. Pero hoy, varios meses después, y sin que se vea una realidad definida, el movimiento 15-M lucha por si mismo, por hacerse oír, pero bastante alejado de su verdadero leitmotiv: tomar la voz popular, la que determina el pueblo, y que se escuchen las desigualdades políticas y económicas existentes.
Siempre se ha criticado al movimiento 15-M por su descabezamiento y su falta de orden de carácter político. Con estas acciones no hacen sino dar la razón a sus críticos y detractores. Las asambleas de barrio parecían funcionar, y hasta el Congreso ya hablaba del 15-M, pero una lucha por “motivos personales” aleja de los verdaderos objetivos.











