Hemeroteca :: 25/02/2010
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OPINIÓN

Pedro García-Alonso, Profesor Doctor de Empresa Informativa de la Universidad Complutense de Madrid

Última actualización 24/02/2010@21:36:56 GMT+1
¿A qué perfil responde el nuevo directivo actual? Muy sencillo: a un todoterreno. Resulta equiparable a un vehículo capaz de moverse por cualquier tipo de orografía y relieve: pantanoso, inseguro, abrupto o selvático. Evidentemente, las adaptaciones de cada cual corresponderán a sus áreas específicas: financiera, productiva, comercial... No es de recibo pretender cubrir una generalidad indefinida, una vaga indeterminación, saltándose la especialización obligada. Dominar el propio campo, es algo absolutamente inevitable e imprescindible: quien dice conocerlo todo, en realidad no sabe nada.

Hablamos aquí de otra cuestión. A Me refiero a esa capacidad de asumir las transformaciones, de resistir los cambios: la adaptabilidad a cada caso. Se trata de conseguir adoptar la forma necesaria para vencer las nuevas circunstancias, la reconversión a otras situaciones, la acomodación para saber ajustarse a las continuas evoluciones que sufren -cada día con más frecuencia- las empresas y los mercados: bonanzas, desarrollos, recesiones, crecimientos, crisis…

Vivimos en plena era posmoderna. Lo propio y característico del momento actual es la celeridad y la fluidez comunicativa. El tan citado siempre 'siglo XX', como argumento de modernidad, corresponde ya al trasnochado 'siglo pasado'. Los cambios y reajustes del mercado resultan actualmente impredecibles. La aceleración histórica que sufrimos ha borrado del mapa casi totalmente al sistema económico marxista, que hace un par de décadas englobaba más medio planeta, amenazando con engullir a la otra mitad. Nada menos que el mercado capitalista Chino, constituye hoy la tercera potencia económica mundial, tan sólo superada por USA y Japón.

A esos fenómenos y alteraciones se debe la necesidad actual de renovación continua. El petróleo que subía de precio ayer sin parar, hoy no para de caer en descenso. Los valores inmobiliarios, hasta hace poco tan seguros, ahora parecen devaluarse sin freno. La hasta hace poco precaria y artificial producción de artículos "Made in China", está ahora invadiendo todos los mercados occidentales, ofreciendo imitaciones perfectas de muy inferior precio, hasta alcanzar incluso a los artículos tecnológicos.

De ahí que no quepa adoptar hoy, en nuestro Viejo Continente, una mentalidad indolente y altiva, ni pretender gozar de una estabilidad realmente insostenible. El viejo mercado europeo ha tenido que imitar sumisamente al ágil modelo norteamericano. Nos hemos visto obligados a globalizar nuestra moneda, renunciando a nuestras divisas para crear el euro, puesto que de otro modo, quedaríamos engullidos por el dólar. También hemos tenido que renunciar a nuestras viejas aduanas y fronteras, como única forma para disponer de un mercado abierto donde abastecer a centenares de millones de consumidores, como sí sucede en el caso de Norteamérica.

Nadie hubiera pensado que nuestra economía, legislación, política, justicia e incluso próximamente también la enseñanza universitaria (con el Espacio Europeo de Enseñanza Superior) pudieran sufrir unas transformaciones tan radicales, en tan breve espacio de tiempo. Y estos cambios no han hecho más que empezar. La nueva generación de ejecutivos no puede predecir ni por aproximación su futura ubicación. No me refiero al puesto desempeñado ni a la ciudad de residencia: me refiero al país del mundo donde se muevan y a la evolución del grupo empresarial donde trabajen.

Nos guste o no nos guste, esto es así. A quien no le agrade, ya sabe dónde no ofertarse. Pero si un joven directivo espera prosperar exitosamente en su ámbito e implementar su curriculum siguiendo una carrera profesional medianamente relevante, tiene que estar dispuesto a todo. El mundo global es hoy el único límite para su dedicación.

Y que nadie sueñe con quedarse asentado establemente en un puesto fijo. La rotación laboral aumenta de ritmo imparablemente. Asistimos a un nuevo contexto en el mercado laboral. Salvo tal vez en sectores muy específicos, las empresas buscan como candidatos a personas que sepan moverse en contextos cambiantes y que estén dispuestas a soportar un reciclaje continuo. Y eso no lo asegura sólo la posesión de unos conocimientos y estudios determinados, de "aportar una base de conocimientos, sino de la ambición profesional y de la capacidad que tenga una persona para relacionarse con su entorno", afirma Eduard Prats, director general ISM-ESIC de Barcelona.

Hemos pasado de una época en la cual los puestos de trabajo estaban muy definidos y estructurados, donde los cargos estaban ajustados a perfiles muy estables, conforme a unas necesidades fijas, a otra situación mucho más indefinida y caótica, donde resulta imposible definir de un modo concreto las funciones de cada labor, porque las necesidades cambian con frecuencia. Por eso se necesitan personas capaces de encontrar nuevas soluciones a los problemas, más que técnicos que sólo apliquen remedios ya sabidos. Los nuevos directivos se ven obligados a enfrentarse a un mundo económico mucho más cambiante e impredecible que hasta ahora.
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    Últimos comentarios de los lectores (9)

    179 | Marc Diaz - 16/06/2010 @ 16:12:04 (GMT+1)
    Los directivos dirigen, y dirigir significa encaminar, llevar, orientar a alguien a un objetivo determinado. Está claro que nuestro tiempo es diferente, pero porque cada vez todo va más rápido. Y ahí está el problema, cúanto más rápido avanzamos, más distancia hay entre nosotros y la cola. Y eso, en el futuro, nos obligará avanzar a trompicones, ya que el peso de todo el tren irá reteniéndonos, y hasta puede que nos obligue a parar en algún momento.

    Es cierto, cambiar, movernos, aprender... lo podemos hacer todo, pero siempre sin dejar de vivir. No olvidemos que trabajar es un medio, nunca una finalidad. Y, sobretodo, nunca lograremos objetivos verdaderamente importantes sin humildad, generosidad y "savoir faire", tres pilares escasos en nuestro actual sistema político-financiero y en todos los habidos hasta ahora.
    94 | María Nalda - 19/02/2009 @ 19:32:19 (GMT+1)
    Apoyo todo lo que comentas en este post. Vivimos en una 'era de cambios', para directivos y no directivos. No obstante, mi percepción es que en España no ha calado especialmente la cultura del cambio. Creo que cualquier modificación que se introduce en la vida de cualquier españolito de a pie supone una verdadera tragedia; no dejamos que la vida nos sorprenda y la actitud de ver el vaso medio vacío, poco nos beneficia. En un momento de crisis como el actual puedo deciros, humildemente, lo que estoy aprendiendo: lo primero, que toda situación sólida es susceptible de derrumbarse. Y si no, que se lo pregunten a esos cientos de miles de parados que después de décadas trabajando en la misma historia ahora están sin empleo. No obstante, y aunque la frasecita empiece a resultar irritante y suene a tópico, también he visto que es una crisis de oportunidades. Si la vida te da un giro, gira con ella: estudia, fórmate, móntate el bar de copas (ese que siempre quisiste tener), disfruta de tu familia... algo saldrá. Y si estás trabajando, la cosa tampoco será fácil: el panorama apabulla pero precisamente lo que hay fuera nos recuerda que no podemos quedarnos de brazos cruzados: para nosotros, tarde o temprano, los cambios también llegarán. Y para no irme más por las ramas, como estamos hablando de directivos, diré que el mejor jefe es el que te exije y el que te enseña a partes iguales (no hay muchos). Apuesto por esa generación de directivos que ven los valores que se reseñan en este post. Saludos!
    88 | Cristina López Suela - 15/02/2009 @ 21:34:46 (GMT+1)
    Trabajo en una multinacional de transporte y efectivamente, es cierto que en determinados departamentos la rotación de personal es muy alta, no solo a nivel directivo sino a nivel empleado. Términos como flexibilidad, proactividad, trabajo en equipo, responsabilidad ...son palabras que todos hemos escuchado "alguna vez" a nuestros jefes y que forman el día a día del mundo laboral. Presupuestos, objetivos, incentivos, comisiones...son temas imprescindibles y que se estudian en reuniones de cualquier empresa, sin embargo ¿por qué las compañías no hacen hincapié en la especialización?. Estamos en un momento donde todos, tenemos que saber un poco de todo; desde mi punto de vista, esto es un gran error porque al final nos encontraremos con “aprendices de mucho y oficiales de nada”.
    85 | Jaime Arruz - 11/02/2009 @ 18:00:15 (GMT+1)
    Está claro que el futuro pasa por personas todoterreno, ya sean directivos de empresa, periodistas, jugadores de fútbol o políticos. Todo aquel que quiera estar en la brecha debe saber hacer de todo, cuantas más cosas mejor. Aún así, en el caso de nuestro mundo periodístico, la especilización es importante pero no tanto como saber adaptarse a las circunstancias y ser capaz de escribir o locutar bien. Si se domina esta parcela, será más fácil poder tratar cualquier tema. Siempre se valorará más a alguien que escriba, locute o hable bien aunque no esté 100% especializado que a otro que domine muy bien un tema pero no sepa convertirlo en información. Especialización sí, saber expresarse sea cual sea el medio, más aún.
    83 | Vanessa Ruiz - 10/02/2009 @ 19:06:01 (GMT+1)
    Estoy completamente de acuerdo en que el nuevo directivo tiene que ser capaz de cambiar con los tiempos, así como tener disponibilidad total. Siempre hay cambios sólo que a veces estos cambios se producen rápidamente y otras veces se van produciendo más lentamente, lo que está claro que el que mejor sepa adaptarse a esos cambios será el que triunfe. Yo he escuchado que la inteligencia es la capacidad de adaptación al medio que nos rodea, y creo que el que mejor sepa adaptarse al nuevo mundo laboral cambiante será el que triunfe, claro que no tiene por qué ser el más feliz, ya que puede tener que renunciar a otros aspectos de su vida, pero la vida es así, por lo menos de momento.
    82 | Ignacio A - 09/02/2009 @ 18:03:31 (GMT+1)
    Buenas tardes, Me parece muy interesante y de gran valor lo expuesto. Entre todo lo dicho me quedo especialmente con: las empresas buscan como candidatos a personas que sepan "aportar una base de conocimientos, sino de la ambición profesional y de la capacidad que tenga una persona para relacionarse con su entorno". A ciertos niveles las empresas recogen cientos de curriculums todos iguales, carrera e idiomas. El que además aporta saber estar y buenas maneras para relacionarse es el perfil de personas que consigue destacar en el ámbito profesional.La mezcla de formación profesional, ambición y saber estar, o como bien se indica capacidad para relacionarse con su entorno es clave para poder moverse en estos momentos tan difíciles. Gracias
    80 | Manuel Bernardo - 08/02/2009 @ 13:13:29 (GMT+1)
    Eso que dices es totalmente cierto, Pedro. Y encima da miedo pensar en la celeridad de todos esos cambios mientras uno ni siquiera es licenciado. En mi caso (periodismo) el panorama no pinta demasiado bien ya de por sí, con lo que si a ello le unimos el caótico curso de los acontecimientos en el panorama empresarial que analizas en tu artículo, ya no sé si no sería mejor quedarme un par de añitos más en la facultad formándome y jugando al Mus. Ahora bien: yo entre fomentar el periodista todo terreno que busque, redacte y edite la notica, prefiero apostar por la especialización, que así salimos todos ganando.
    79 | Juan Manuel Cuéllar - 08/02/2009 @ 02:41:21 (GMT+1)
    Recuerdo hace muchos años el ejemplo con el que un antiguo profesor solía ilustrar la manera peculiar de abordar cualquier problema desde el punto de vista termodinámico: aislamos el sistema en el interior de una superficie imaginaria, introducimos energía (grosso modo) y medimos la respuesta. Si el balance es inviable en términos energéticos, fin del problema. En caso contrario, acotación y descartes. El criterio de viabilidad es tan evidente como la vida misma; la dificultad estriba en acertar con los parámetros evaluados en el balance que determina esa viabilidad. El error se paga con la inviabilidad, o sea, con la muerte. Ahora bien, ¿en qué escenario buscaremos el parámetro mágico que nos dé la pauta “del millón”?
    Históricamente hemos vivido en sociedades reguladas por pautas, hábitos, costumbres predecibles cuyos secretos podían transmitirse entre generaciones sin perder funcionalidad. La viabilidad dependía de factores que evolucionaban en escenarios poco dinámicos y si bien cabía plantearse un cambio de contexto, era raro contar con contextos cambiantes. Cuando esto último se producía, la Historia experimentaba un cambio de fase y siempre en la inercia de un conjunto simple de parámetros determinantes de la viabilidad del cambio. Así ocurrió con la aparición del lenguaje, de la agricultura, de la conciencia espiritual, de la rueda, de la escritura, del monoteismo, de la imprenta, de la máquina de vapor, etc. (al igual que en la ciencia la aparición de herramientas como el cálculo diferencial e integral, etc., hicieron viables formas de pensar que llevaron a soluciones impensables). Si un escenario es posible, estadísticamente habrá un porcentaje de humanidad que prospere mejor en ese marco, o sencillamente lo desee (la ley de la oferta y la demanda es tan antigua como el hombre) y tenderá a ese cambio.
    Imaginemos una curva definida por la irrupción de viabilidades a lo largo del tiempo histórico. A mayor pendiente, mayor concentración de posibilidades de cambios grandes en el mismo intervalo de tiempo histórico. Si en una recta los órdenes dejan de ser variables en la “velocidad”, en una curva esto ocurre en la “aceleración”. El problema no está en adaptarse a una nueva velocidad estable. El problema es que la velocidad de los cambios aumenta con una variabilidad aún indeterminada (puede que haya “aceleración” de la aceleración) y las soluciones se quedan viejas antes de ser jóvenes. Si el incremento de la pendiente es pronunciado, el único parámetro nítido será la velocidad de los cambios. Adaptarse a esta velocidad se traduce en términos de aprendizaje constante como norma. El que sea capaz de partir de cero en cualquier momento y construir con agilidad su operatividad será el beneficiario de las nuevas viabilidades. La tradición no se basará en conocimientos obsoletos, sino en la forma de aprender y desaprender para aprender de nuevo, la facilidad para reinventarse con acierto. Por supuesto, esto es absolutamente incompatible con las ideas actualmente asumidas como inamovibles sobre el trabajo fijo y las categorías rígidas. Habrá que ampliar el campo de visión (subir un orden en términos matemáticos) y convertir los antiguos escenarios estáticos en objetos cambiantes dentro de un marco más amplio que será probablemente más estable. ¿En qué se cifrará esta presunta estabilidad? Nos lo dirá algún gurú del futuro y esperemos que no tarde mucho.
    77 | Anita Guerra - 07/02/2009 @ 12:37:21 (GMT+1)
    Quizás ese sea el mayor problema de las empresas: la incapacidad para buscar líderes todoterreno que estén dispuestos a moverse en entornos cambiantes. Uno de los mayores miedos del hombre es el cambio. Pero hay que enfrentarse a él, siendo conscientes de que los remedios y soluciones a problemas no permanecen estancados (como tampoco lo hace el ámbito en el que se mueven). Es necesaria una especialización de cerebros abiertos a nuevas metas y con capacidad de previsión para poder adelantarse al cambio y obtener ventajas competitivas para su empresa en el campo de juego en el que se mueven. Las generaciones venideras (donde me incluyo) tenemos la ardua tarea de cambiar el chip para avanzar y no quedarnos en el barro en el que nos hemos metido. Y que es un barro a nivel mundial.
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