Hemeroteca :: 13/03/2010
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PYME Y FRANQUICIAS
Última actualización 12/03/2010@22:03:02 GMT+1
La Responsabilidad Social Corporativa no es sólo un ejemplo de solidaridad entendido como una forma de devolver a la sociedad parte de los beneficios que esta genera a la empresa, sino que también aporta importantes ventajas tanto financieras.

Es el tema de moda en el mundo empresarial. Apenas hay empresa que se sustraiga a su reclamo. Las grandes incluso han creado sus propias fundaciones con las que gestionar el enorme caudal de proyectos que generan. Pero, al igual que el reciclaje, está en manos de cualquiera, independientemente de su tamaño empresarial, colaborar en tan loable misión. Y haciéndolo no sólo alimentaremos el espíritu sino que obtendremos oportunas ventajas.

En principio, la RSC se sustenta en valores éticos que guían la conducta empresarial de cada compañía y su relación con el entorno. Por tanto, parte del reconocimiento de que la empresa no es sólo una institución dedicada a la comercialización de productos o servicios para obtener ganancias, sino que, dependiendo y nutriéndose de su entorno, influye necesariamente sobre éste. En la ética empresarial derivada de esta concepción, ello significa que debe preocuparse no sólo de la obtención de beneficio económico sino de contribuir al bienestar comunitario.

Pero no son acciones filantrópicas sin ton ni son, sin más objeto que alimentar nuestra conciencia de buen samaritano. Muy al contrario, la RSC supone un esquema integral para la organización estratética de la empresa. Gracias a ella, se puede aumentar el compromiso de los trabajadores con los objetivos de la firma, incrementando la productividad. Pero no sólo eso. También mejora las relaciones con las instituciones, con las ventajas que esto conlleva, tanto contractuales como de presencia en la comunidad. En definitiva, convierte a nuestra compañía en una figura con la que contar en cualquier acto que atañe a la sociedad.

Ámbito europeo

Los orígenes de la RSC en el marco comunitario pueden buscarse en la Declaración Final del Consejo Europeo de Lisboa de Marzo de 2000, donde se establece como objetivo estratégico “convertir la UE en 2010 en la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de crecer económicamente de manera sostenible con más y mejor ocupación y con mayor cohesión social”. Siguiendo este precepto nació el Libro Verde de la Comisión de las Comunidades Euro-peas, hito fundamental para el actual auge de la RSC. Según el Libro Verde, la responsabilidad social “es, esencialmente, un concepto con arreglo al cual las empresas deciden voluntariamente contribuir al logro de una sociedad mejor y un medio ambiente más limpio”. En sus casi cien apartados, el texto plantea un amplio análisis de los enfoques y prácticas más representativos del movimiento. El texto incluye una referencia explícita a la pyme, a la que insta a una mayor sensibilización en el fomento de la responsabilidad social. Ya en 2003 la UE resumió las principales herramientas entonces disponibles para la RSC en el documento ‘Mapping instruments for Corporate Social Responsability’, elaborado por la consultora Accountabi-lity para la Dirección General de Empleo y Asuntos Sociales de la Comisión. Dos años después, el Comité Económico y Social Europeo aprobó un “Dictamen sobre el tema Instrumentos de información y evaluación de la responsabilidad social de las empresas en una economía globalizada”, con orientaciones importantes sobre la aplicación de medidas para la gestión de la RSC.

Actualmente, las iniciativas más relevantes en el marco europeo se encuentran en las Normas ISO, especialmente la ISO 9001, que regula la calidad, y la ISO 14001, que vela por el medio ambiente. Los candidatos deben someterse a una auditoría para obtener esta certificación y, una vez conseguida, es necesaria una inspección anual para mantenerla. Si el auditor encuentra incumplimientos, la empresa tiene un plazo para corregirlos, sin perder la vigencia de la certificación o la continuidad en el proceso de certificación.

Otro importante instrumento de homologación es la Accountability 1000 (AA-1000), promovida en 1999 por el Institute of Social and Ethical Accountability (ISEA). Aunque no es una norma certificable, sirve para que la empresa avance en su compromiso ético y pueda justificarlo ante terceros.

Aparte de éstas, cada vez hay más normas parciales, como la Social Accountability 8000 (SA8000), promovida por el Council on Economic Priori-ties Acreditation Agency (CEPAA).

La RSC es un valor al alza y tanto el Gobierno de la nación como las Comunidades Autónomas se suman a la corriente ofreciendo vías de apoyo a las empresas para favorecer su implantación. Es, pues, un buen momento para apostar por la sostenibilidad.
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